El derecho a modificar y retirar nuestra obra.

Escribir, escribir… para luego corregir, y volver a corregir. Dicen que las obras nunca se terminan, sino que se dan por terminadas. Los escritores somos eternos insatisfechos, nunca estamos del todo a gusto con la forma final de nuestras obras. Las releemos, a veces meses, e incluso años después, y siempre encontramos algo que cambiar, alguna cosa que haríamos de otra forma si tuviéramos la oportunidad.

Pero, legalmente… ¿Podemos modificar nuestras obras una vez escritas y entregadas al editor? ¿Y una vez publicadas? ¿Podemos incluso retirarlas del mercado si asi lo estimamos oportuno?

A eso dedicaremos hoy la entrada de nuestro Blog de Derecho Literario.

Comencemos diciendo que el derecho a la modificación de nuestras obras es un derecho reconocido por la Ley de Propiedad Intelectual, y forma parte de los derechos morales del autor, por lo tanto, recordemos, al contrario que los derechos patrimoniales, este derecho forma parte de un grupo que tienen como denominador en común que no pueden ser objeto de transacción ni de renuncia por parte de su titular, esto es, por parte del autor.

Es un derecho, además, que tiene su reflejo en otro derecho también muy importante: el derecho a impedir que otro, que no sea el propio autor, realice modificaciones no consentidas sobre nuestro trabajo, sobre nuestra obra: el derecho a la integridad de la obra.

¿Pero es este un derecho absoluto? Pocos lo son, y el derecho de modificación desde luego no es uno de esos pocos.

Para analizarlo, la primera distinción que tenemos que hacer, como casi siempre, es si estamos ante una obra autoeditada, o si dicha obra va a ser publicada por una editorial con la firma, por tanto, del correspondiente contrato de edición.

En el primer caso, como dueños absolutos de la obra, y también responsables de su puesta a disposición del público, podremos realizar todas las modificaciones que creamos necesarias en cualquier momento y sin dar ninguna explicación a nadie. De hecho, en el caso de la edición digital, es una opción muy fácil y utilizada en las distintas plataformas de publicación.

El segundo caso, cuando nos la publica un tercero, es donde entran más en juego los comentados límites del derecho, ya que puede entrar en colisión con los derechos económicos del editor, al que además nos vincula un contrato de edición.

La Ley de Propiedad Intelectual (Artículo 65 LPI) prevé, en este sentido, la obligación por parte del autor de corrección de la obra antes de su impresión, salvo pacto en contrario.

Es en ese momento, el de la corrección, donde se abre un periodo en el que el autor puede proponer al editor las modificaciones que considere oportunas, pero siempre con los límites que marca el siguiente artículo, el 66 LPI:

  • Que se consideren imprescindibles
  • Que respeten la integridad y sentido de la obra
  • Que no aumenten de forma sustancial el coste de edición

Todo ello, sin duda, con miras a la salvaguarda del derecho del editor a que la obra que él eligió y aceptó editar, asumiendo los riesgos económicos que conlleva, sea, salvo que concurran las condiciones anteriores, la que finalmente vea la luz, sin estar expuesto a un uso abusivo del derecho de modificación por parte del autor.

De hecho, el límite de dichas correcciones puede ser pactado en el propio contrato de edición de común acuerdo entre autor y editor.

¿Y qué ocurre una vez editada la obra?

Pues dicho derecho, con dichos límites, sigue vigente en las tiradas y ediciones posteriores.

Y si no hay acuerdo, o el autor, por razones intelectuales o morales, reniega de la obra una vez publicada, siempre tiene la opción de ejercer su derecho a retirarla del mercado.

Pero también aquí, por supuesto, entran en juego los derechos contraídos con ese editor, al que habría que indemnizar por un palmario incumplimiento contractual. Y, de acuerdo con la norma, si decidiéramos volver a llevar la obra al mercado, habrá que ofrecérsela de manera preferente al editor original en las mismas o muy similares condiciones.

Por tanto, la LPI protege nuestros derechos morales, sí, entre los que se encuentran los de modificar o retirar nuestra obra, pero eso no significa que desproteja a otros intervinientes en el proceso de publicación con los que hemos contraído unas obligaciones.

En Derecho no suele haber ganadores o perdedores absolutos. Y es mejor que siga siendo así.

¿SON COMPATIBLES LA PENSIÓN Y LOS DERECHOS DE AUTOR?El Derecho de opción preferente en el contrato de edición