En nuestras ansias por publicar un libro, apenas reparamos en clausulas en el contrato de edición que pueden pesarnos mucho en un futuro, e incluso limitar nuestra elección de futuros editores, en el caso de que todo vaya bien y nuestra carrera literaria, pese a las dificultades de hoy en día, comience a despegar y remontar el vuelo.

Una de estas clausulas es la del derecho de tanteo y retracto, también llamado “derechos de adquisición preferente”.

Resumiendo sus características legales, estos derechos otorgan a su beneficiario (en este caso el editor que los propone) la potestad de, una vez extinguido por su consecución el objeto principal del contrato propiamente dicho con el autor, ser informado de la oferta de un tercero interesado pudiendo lograr, al igualar dicha oferta y sus condiciones, que el contrato vuelva a sus manos, obligando al autor a comprometerse con él en detrimento de ese posible nuevo editor interesado.

Es un derecho que probablemente os suena de ámbitos como la compraventa de inmuebles o los arrendamientos, pero que es muy común en los contratos de edición y explotación de obras literarias.

Empezaremos recordando que esta clausula, con las condiciones que luego comentaremos, es totalmente legal y válida, aunque no esté contenida ni prevista en la Ley de Propiedad Intelectual.

Otra aclaración pertinente: la existencia de este pacto en el contrato no da automáticamente al editor una posición de dominio respecto al autor. Existe una libertad de pactos que queda protegida en todo caso, dentro de la libertad de negociación que el autor pueda haber alcanzado. El autor, por tanto, puede “imponer” sus condiciones al nuevo editor sin tener que rendir cuentas al anterior en un primer momento, lo que ocurre es que si el “ex” acepta esas mismas condiciones propuestas, se queda con el nuevo contrato.

Llegamos a las condiciones necesarias para la validez de este pacto. La primordial es que dicho pacto ha de establecerse sobre algo concreto, por ejemplo, dos años de cesión de explotación o la siguiente obra del autor, y no pueden darse pactos a perpetuidad, que aludan a “toda la carrera del escritor”, o que no aludan a un término concreto.

Un pacto a perpetuidad sería nulo, mientras que un pacto contenido en un contrato de edición que no fije término o que este fuera excesivo, puede ser objeto de revisión y arbitrio judicial. En estos casos, el juez puede fijar un plazo determinado teniendo en cuenta circunstancias tales como el objeto del contrato, la igualdad o desigualdad entre las partes, o incluso utilizar el criterio establecido por el Código Civil para el retracto convencional en la compraventa, esto es, cuatro años si no se ha especificado plazo en el contrato.

Dicho artículo también aclara que las partes no pueden establecer plazos para el retracto superiores a diez años, lo que también puede ser utilizado por el juez en el caso de pactos con términos excesivamente largos impuestos por el editor y que superen dicho plazo.

Si el autor hace caso omiso a dicho pacto, y publica con el nuevo editor sin informar al primero, ¿Qué ocurre?

Pues que el segundo editor podrá publicar la obra si se demuestra que, comportándose de buena fe y de manera diligente, no pudo conocer la obligación que vinculaba al autor.

Y luego, claro, el editor “plantado” podrá pedir al autor daños y perjuicios por incumplimiento contractual.

Por tanto, una vez más, mucho cuidado con lo que firmamos, y ante cualquier duda nos tenéis a vuestra disposición en www.derecholiterario.com y en el mail derecholiterario@gmail.com